Algunas reflexiones con respecto a la relación entre literatura y nuevas tecnologías, y un texto para compartir…

El hecho de que las nuevas tecnologías (así como también las no tan nuevas) tengan una importante repercusión en nuestras prácticas de lectura y escritura es, a esta altura, incuestionable. Sin embargo, los modos en que opera tal relación y las consecuencias que trae, no están tan claros. Existen distintas posiciones, argumentos variados y con enfoques opuestos, y un sin número de opiniones.

Por eso, con el objetivo de esclarecer un poco la cuestión, con un grupo de docentes de Las Cumbres, nos propusimos abordarla. La consigna planteada consiste en compartir distintos textos que nos ayuden a responder varias preguntas, teniendo siempre como horizonte la posibilidad de mejorar nuestra práctica docente.

En esta entrada, comparto un texto con el que me crucé en estos días. Es algo extenso y, quizás, demasiado filosófico para nuestro propósito; pero a mi me trajo a la mente aquella reunión que tuvimos juntas pues aborda, de manera general, muchos de los temas de los que hablamos: la lectura literaria como una de las formas de lectura, aunque no la única, el cambio de rol (y la consecuente perdida de importancia) de la literatura en un mundo tecnológico, la disolución de los cánones literarios, el rol de la literatura en la escuela.

El autor es el alemán Peter Sloterdijk, filosofo alemán, quien lo presento en una conferencia, como respuesta (y crítica) a algunos planteamientos de Heidegger sobre el humanismo. De todas maneras, a mi no me interesa tanto la controversia que se suscita entre ambos autores, como la postura de Sloterdijk en relación con los cambios por los que está atravesando la literatura. Por eso, para destacar los fragmentos que tratan este punto clave para nosotras, comparto el texto resaltado y, mas abajo, un resumen y algunas reflexiones propias.

Aquí el texto: Reglas para el parque humano

Aquí un resumen del planteo de Sloterdijk y una reflexión personal sobre cómo estas reflexiones pueden relacionarse con nuestra tarea docente:

Peter Sloterdijk define el humanismo como un conjunto de cartas enviadas a los amigos. Quienes reciben estas cartas, pasan a formar parte de un selecto grupo (Sloterdijk llega a hablar de “secta”) que se caracteriza por su relación con las practicas de lectura y escritura y, fundamentalmente, por su relación con la literatura.

Sin embargo, para Sloterdijk los siglos XIX y XX (y la expansión de las prácticas de lecto-escritura) traen una modificación en la función del humanismo: este se vuelve instrumento de la sociedad política para crear, a través de la lectura de los cánones que se impone en las escuelas, una conciencia nacional. Cada país pasará a tener sus lecturas particulares, y esto ayudará a crear un sentimiento de pertenencia a un grupo que no es ya la “secta de alfabetizados”, sino la propia nación. Es en este sentido que Sloterdijk se pregunta: “¿Qué son las naciones modernas sino poderosas ficciones de públicos letrados, convertidos a partir de los mismos escritos en armónicas alianzas de amistad?”.

Lo que el autor plantea es que hoy en día (en realidad, a partir de 1945 en adelante) estamos viviendo una tercera etapa, que puede caracterizarse como el fin del humanismo o, en sus propios términos, una era “post-humanística”. Esto se debe a que las estructuras políticas propias de la sociedad de masas ya no pueden organizarse al rededor de la literatura, y por eso esta pierde su lugar central; no desaparece, pero se vuelve marginal. Para Sloterdijk: “los nuevos medios de la telecomunicación político-cultural, que tomaron la delantera en el intervalo, son los que acorralaron al esquema de la amistad escrituraria y lo llevaron a sus modestas dimensiones actuales”.

Así, Sloterdijk plantea que, una de las consecuencias de la aparición de las nuevas tecnologías tiene como resultado el desplazamiento de la literatura de su ubicación central en el pensamiento occidental. Si antes se mostraba como fundamental para organizar la sociedad, política y culturalmente, ahora son los nuevos medios los que toman la delantera en este sentido.

En este contexto, debemos preguntarnos qué modificaciones debe realizar la escuela para no convertirse en una institución anacrónica que separe por completo la vida cotidiana de la vida académica. La inclusión de la tecnología en el día a día de la clase es, sin lugar a dudas, un primer paso que se presenta como una respuesta a la nueva coyuntura. Quedan muchas incógnitas por resolver aún: por un lado, debemos preguntarnos qué hacer con la tecnología además de incorporarla y cómo enseñarla. Y, por otro lado, debemos preguntarnos por la literatura y cómo podemos lograr que esta no pierda cada vez mas su importancia y que subsista, al menos en ese lugar algo marginal que hoy le toca ocupar.

Una posibilidad consiste en analizar las posibles formas de relacionar literatura y nuevas tecnologías: debemos pensar no sólo cómo estas incluyen formas literarias, sino también la forma de incorporarlas a la clase. Además, no podemos perder de vista otra cuestión: cuál es el sentido de llevarlas a la clase, cuál es el beneficio pedagógico de la inclusión de estas nuevas formas de literatura en la educación.

También debemos pensar otra cuestión: qué entendemos por “nuevas formas de literatura”. De acuerdo con algunos de los textos que venimos incorporando en nuestro “archivo” (el uso de este término no es inocente, y quiero usarlo en un sentido Slordijkeano), podemos tener en cuenta: nuevos argumentos literarios, nuevos soportes de textos (que implica pensar no solo en nuevos soportes para textos viejos sino también en nuevos soportes para textos nuevos, y cómo estos se adaptan a su nueva especificidad), cambios en las “formas” textuales de la literatura (entendiendo la forma como lo opuesto al contenido: extensión, relación con lo visual y lo auditivo, incorporación de imágenes y videos).

Esto nos presentará otro planteo (o al menos a mí me lo presenta): en esta nueva era, cuando hablamos de “literatura” ¿podemos pensarla solamente como “escritura”? ¿No deberíamos ampliar su definición, para tener en cuenta su enorme vinculación con otros formatos de ficción?  Muchísimos teóricos de la literatura han dejado de limitar su objeto al lenguaje escrito para pensarlo en su enorme complejidad y en sus intrincadas relaciones con los nuevos productos de la cultura de masas.

Toda la reflexión que estamos realizando alrededor de la relación entre nuevas tecnologías y literatura, bajo la luz del texto del Sloterdijk me ha provocado otro cuestionamiento: Sloterdijk plantea que el final del humanismo se dio alrededor de 1945 (menciona dos acontecimientos que él considera fundamentales, que son la invención de la radio  y la invención de la televisión) ¿por qué, entonces, recién hoy la escuela se hace cargo de pensar esta cuestión? Porque la escuela como institución no se preocupó por la revolución que implicó la creación de la radio y de la televisión: no existió (al menos, no de manera generalizada) una materia “radio” o “televisión” o como hoy, y desde hace tiempo, existen materias tales como “informática” o “computación”. No se pensó en el poder pedagógico de estos dispositivos. No se los incluyó en la escuela, más que marginalmente.

Quizás esta cuestión deba buscarse en la especificidad de los propios medios. No parece casual que la invención de la radio y de la televisión pueda asociarse a dos fechas tan significativas como son  1918 y 1945. Se trata de años durante los cuales, probablemente, haya sido mejor no pensar, antes que tener que afrontar un pensamiento sobre la situación bélica y las catástrofes mundiales. Quizás por eso podemos asociar estos medios con la evasión de la realidad y con una actitud del sujeto más pasiva que activa. En este sentido, la pedagogía no podría hacerse cargo de estos nuevos medios; imposible incorporarlos y volverlos productivos.

Distinta es la situación de la computadora y, más aún, de su optimización producto de Internet. Se trata de un dispositivo que convierte al sujeto en un agente activo: lee, selecciona información, “navega”, toma decisiones, sigue uno u otro hipervínculo, busca, investiga, e incluso escribe y publica (se debe destacar el rol de los blogs). Sloterdijk no ignora esta situación y se atreve a postular que el individuo se vuelve, a través de las nuevas tecnologías, incluso más activo que en la era humanista. Pues antes consumía los clásicos impuestos, establecidos como canónicos. En cambio, ahora: “es la marca característica de la era técnica y antropotécnica que cada vez más pasen al lado activo o subjetivo de la selección”.

Está claro que esta nueva era del sujeto activo y selectivo, susceptible de convertirse en actor, sin verse obligado a resignarse al papel de espectador, es una pura potencia. Sin embargo, los resultados dependerán, en gran medida, de cómo la escuela aborde la cuestión y de que se haga cargo de que los estudiantes necesitan de una guía constante para aprender a aprovechar los medios tecnológicos en este camino. Pues, a pesar de las enromes posibilidades que los nuevos medios nos presentan, estos no suponen de por sí el cambio de conciencia, y el sujeto puede volverse un mero receptor pasivo de los contenidos informáticos (ya sabemos que en eso el hombre tiene experiencia). Sería necio pensar que la mera existencia de la web nos convierte en productores, y nos desata de las cadenas impuestas por la ideología.

 

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Una respuesta a Algunas reflexiones con respecto a la relación entre literatura y nuevas tecnologías, y un texto para compartir…

  1. carol dijo:

    Genial Cami, Coincido
    bss
    Carol

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