La Cautiva: un poco de información

Para leer un texto como La Cautiva, y poder entenderlo como una obra fundacional de la literatura argentina, es necesario contar con cierta información. Tendremos que revisar algo de historia, visitar la vida de su autor y conocer nociones indispensables sobre el género.

Empecemos con la biografía de Esteban Echeverría:

Esteban Echeverría 1805-1851

José Esteban Antonio Echeverría nació el 2 de septiembre de 1805, en una Buenos Aires todavía colonial que no había sufrido siquiera el desembarco de los ingleses. Hijo de José Domingo Echeverría, comerciante vasco, y de Martina Espinosa, porteña, afronta desde su primera infancia la muerte prematura de su padre. Más tarde, gustará recordar su adolescencia desde una mirada romántica: la de un joven rebelde y transgresor que, con su conducta, decepciona a la madre.

En 1822, el mismo año en que muere su madre, Echeverría comienza a tomar contacto con las lecturas propias de un joven intelectual de principios del siglo XIX. Estudia, entre otras disciplinas, latín y filosofía en el Departamento de Estudios Preparatorios de la reciente Universidad, producto de las reformas efectuadas por la política cultural del gobierno de Rivadavia. Además de recibir instrucción sobre francés, historia y pintura, en 1824 es dependiente de Aduana del establecimiento de Sebastián Lezica y Félix Piñeyro. Paradójicamente, este interés por el comercio enlaza al futuro escritor con su educación europea: sus jefes, al reconocer sus condiciones intelectuales, lo impulsan a viajar a Francia. Instalado ya en el faro de la cultura de la época, es recibido en París como becario para estudiar en el Ateneo. Lee a Goethe, Schiller y a Lord Byron. Toma contacto con obras del romanticismo alemán, que se está imponiendo, y con el socialismo utópico del conde de Saint-Simon, filósofo que funcionará como base de los primeros escritos de Echeverría y de Juan Bautista Alberdi. De este período es Ilusiones, su primera incursión en la poesía.

Tal vez por razones económicas –y encontrándose sus estudios aún incompletos-, abandona París en julio de 1830. Había salido de su país como “comerciante” y, a su regreso, es registrado como “literato”. Un cambio más que significativo.

En esta etapa el autor construye su figura de poeta. Publica en La Gaceta Mercantil, de manera anónima, dos poemas que luego integrarán Las consuelos (1834). Otras publicaciones en el Diario de la Tarde lo van acercando al estrecho núcleo de jóvenes intelectuales rioplatenses. En 1832, cuando edita Elvira o la novia del Plata, pasa casi inadvertido, pero, más tarde, el texto será cargado con un valor fundamental: se trata del primer poemario en lengua española que adhiere al proyecto estético romántico.

1837 es el año clave en la vida del poeta. Con Juan Manuel de Rosas en el gobierno de la provincia de Buenos Aires desde 1835, los grupos intelectuales no oficialistas comienzan a verse amenazados. En este contexto surge el Salón Literario, asociación cultural que sesionaba en la librería de Marcos Sastre y donde se leyó, en su primera reunión del 26 de junio, la “primera parte” de La cautiva, entonces inédito. Aparece, junto con otros poemas, bajo el título de Rimas en septiembre de ese mismo año, en el momento en que Sastre le ofrece a Echeverría la dirección del Salón. Es indudable que muchos lo consideran ya un líder intelectual. Tanto sus lecturas como las de algunos de sus compañeros denotan un esfuerzo por apelar a las esferas de poder, sin declarárseles todavía en desacuerdo y apartándose de la antonimia unitarios/federales. Después del cierre del Salón, a causa de veladas amenazas, el grupo de intelectuales luego conocido como “Generación del 37” se nuclea alrededor de la Asociación de la Joven Argentina, otra agrupación literaria formada en junio del año siguiente, ya de carácter clandestino. Sucesos históricos como la invasión del general Lavalle a la provincia terminan de definir posiciones políticas en el grupo, que toma una marcada tendencia unitaria.

Producto de estos últimos momentos de retiro en una estancia cerca de Luján, Los Talas, perteneciente a uno de sus hermanos, es probablemente El matadero, texto publicado muchos años después de la muerte de su autor, en 1871. Cuando se embarca hacia Colonia y se desplaza luego hacia Montevideo, inicia la etapa del exilio, de espaciada producción literaria. Echeverría reúne también la “Asociación de Mayo”, en clara continuidad con la agrupación porteña que el exilio había fragmentado. Ya enfermo y sobre el final de su vida, es designado miembro del Instituto de Instrucción Pública de Montevideo. En 1849 integra en Consejo de la Universidad de esa ciudad.

Los imprevisibles juegos de azar quisieron que Echeverría falleciera del 19 de enero de 1851, un año antes de la derrota, en Caseros, de Rosas –a quien había combatido sobre todo con la palabra.

Los críticos del siglo siguiente reconocieron el carácter fundacional de dos textos como La cautiva y El matadero, que inauguraron otra forma de decir en la literatura argentina.

 

 

Esta entrada fue publicada en 2019, Cuarto año, materiales para trabajar, PRIMER TRIMESTRE. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *