El relato policial

Antes de empezar a leer la novela de Pablo de Santis…

¿Con qué piensan que nos vamos a encontrar?

Consigna de trabajo de anticipación: elaborar una lista con palabras correspondientes al campo semántico que pensamos encontrar.

¿Qué es el campo semántico?

RESPUESTA:

Para entrar en tema:

  1. Leer atentamente el siguiente cuento breve:

 

“Las aventuras de Johnnie Waverly “

En: Christie, Agatha: Primeros casos de Poirot (versión adaptada).

 

– Le ruego que vuelva a contarme toda la historia, Monsieur Waverly, y sin olvidarse de nada, por favor – le indicó Hércules Poirot al padre de pequeño Johnnie, recientemente secuestrado.

– Bien. Creo que el principio de todo esto fue la carta anónima que recibí hace diez días. Se me exigía la entrega de veinticinco mil libras, amenazando con raptar a Johnnie en caso contrario. Cinco días después recibí otra carta por el estilo: “Si no paga, su hijo será secuestrado el veintinueve”. Puse el caso en manos de Scotland Yard. No parecieron tomarlo muy en serio. El día veintiocho recibí la tercera carta. “No ha pagado. Su hijo será raptado mañana a las doce del mediodía. Y su rescate le costará cincuenta mil libras.” Volví a Scotland Yard. Esta vez parecieron algo más impresionados. Me aseguraron que tomarían todas las precauciones.

“Volví a casa mucho más tranquilo. No obstante, di orden de que no dejaran entrar a ningún extraño. Más a la mañana siguiente mi esposa no se encontraba bien; había sido envenenada. No estaba grave pero tardaría unos días en curarse. Al volver a mi habitación hallé una nota prendida en mi almohada, que contenía sólo tres palabras: “A las doce”. Enloquecí: alguien que vivía en mi propia casa estaba involucrado. Reuní a todos los criados y, perdido el dominio de mis nervios, los despedí a todos. Sólo había una persona en quien poder confiar: Tredwell, el mayordomo, que ha estado conmigo desde que yo era niño.

“El inspector llegó a eso de las diez y media de ese mismo día. Había dejado varios hombres apostados en el parque. Fui a buscar a Johnnie y con el inspector nos refugiamos en una habitación que llamamos la Cámara del Consejo. Hay un gran reloj y las manecillas señalaban casi las doce. De pronto el reloj comenzó a sonar y yo estreché a Johnnie contra mi pecho. Al dar la última campanada oyóse una gran conmoción fuera… gritos y carreras. El inspector abrió la ventana y el sargento se acercó corriendo.

“- Ya lo tenemos, señor – jadeó -. Estaba oculto entre los arbustos.

“Salimos corriendo a la terraza, olvidando a Johnnie. Allí, dos agentes sujetaban a un individuo que se debatía en un vano afán de escapar. Llevaba una nota dirigida a mí, que decía: “Debió haber pagado. Ahora el rescatar a su hijo le costará cincuenta mil libras. A pesar de todas sus precauciones, ha sido secuestrado a las doce del veintinueve”. Solté una risotada de alivio, pero al mismo tiempo oí el ruido de un motor de auto y un grito. Volví la cabeza. Por la avenida corría un coche a toda velocidad. Me estremecí de horror al ver los rizos rubios de Johnnie dentro del auto. Tredwell y yo estábamos lada a lado, horrorizados.

“Entonces oímos un sonido que nos sobresaltó, el de las campanas del reloj del pueblo. El inspector extrajo de su bolsillo el suyo: eran exactamente las doce. Como impulsados por un resorte, corrimos a la Cámara del Consejo; el reloj marcaba la hora y diez minutos. Alguien lo había adelantado deliberadamente, porque nunca se adelanta o atrasa. Es un reloj perfecto.

– Un problema muy grave, oscuro y encantador – murmuró el detective -. Lo investigaré con sumo placer. La verdad es que fue planeado… a la maravilla.

– Supongo que el resto debe conocerlo perfectamente ya gracias a los periódicos – repuso el señor Waverly -. Al principio pareció que todo iba a terminar bien, ya que un coche de las mismas características, con un hombre y un niño, fue visto marchando con rumbo a Londres. Ya sabe lo que ocurrió luego, detuvieron el auto y el niño no era Johnnie.

-En cuanto al hombre que capturaron en el parque, tengo entendido que insiste en que la nota le fue entregada para ser llevada a Waverly Court, y también que hizo cierta acusación…

– Ese individuo tiene la pretensión de que Tredwell es el hombre que le dio el paquete. “Sólo que ahora se ha afeitado el bigote.” ¡Tredwell, que ha nacido en mi hacienda!

– ¿Y usted qué opina, señora? – preguntó Poirot volviéndose de improviso hacia la dama.

– No pudo ser Tredwell quien le diera el paquete. Ese hombre dice que se lo dieron a las diez, y a las diez Tredwell se hallaba con mi esposo en el salón de fumar.

– ¿Existe algún escondite especial en la casa?

– ¡Cielos, existe un agujero secreto! Se entra por uno de los paneles del vestíbulo. Pero nadie lo conoce, excepto mi esposa y yo.

– ¿Y Tredwell?

– Bueno… es posible que haya oído hablar de él.

– ¿Sería tan amable de mostrármelo? Quizás encontremos alguna pista  – pidió Poirot al señor.

Los tres se dirigieron al agujero secreto. El señor iba adelante y el detective aprovechó la ocasión para consultarle a la señora su verdadera opinión sobre el mayordomo Tredwell.

– No tengo nada contra él, señor Poirot. No comprendo de qué modo puede estar mezclado en este asunto, pero… bueno, nunca me ha gustado… nunca. No supondrá usted…

– Yo nunca supongo. Sólo… empleo mis células grises. Y algunas veces… sólo muy de vez en cuando… se me ocurre alguna idea.

Pronto entraron en el agujero secreto.

– Ya ve usted – dijo Waverly -. Aquí no hay nada.

La reducida habitación estaba completamente vacía, y el suelo aparecía escrupulosamente barrido. El rostro de Poirot resplandecía de entusiasmo y satisfacción.

-Tenía razón – murmuró -. Sabía que estaba en lo cierto.

Waverly dejó a Poirot solo en la estancia, para que tuviese ocasión de reflexionar en voz alta:

– Saquemos nuestras deducciones De no haber avisado a los Waverly de antemano, hubiese sido más sencillo realizar el rapto. ¡Se ha representado esta farsa deliberadamente! Ahora enfoquemos la cuestión desde otro ángulo. Todo tiende a señalar la existencia de un cómplice en la misma casa: el misterioso envenenamiento en la señora Waverly, la nota prendida en la almohada, el adelantar el reloj diez minutos… Además, hay un detalle adicional: no había polvo en el agujero secreto. Había sido barrido con una escoba.

“Tenemos tres personas en la casa: el señor y la señora Waverly y Tredwell, el mayordomo. Empezaremos por Tredwell. Hay varios factores sospechosos contra él. En primer lugar, el detenido dice que fue Tredwell quien le entregó el paquete en el pueblo. Pero Tredwell puede probar su coartada para este punto. Además, nació y ha sido educado al servicio de los Waverly. Parece imposible que a última hora tuviera parte en el rapto del hijo de la casa.

“También debemos considerar brevemente a la señora Waverly. Pero ella es rica. Fue su dinero el que volvió a levantar la hacienda. No habría razón para que hiciese raptar a su hijo y cobrar su propio dinero. En cambio su esposo está en una posición muy distinta. Su mujer es rica y no es muy aficionada a repartir su dinero. Pero puede verse en el acto que el señor Waverly es un bon viveur. ¡Él dispidió a los criados para que no molesten, y pudo escribir los anónimos, envenenar a su esposa, adelantar las manecillas del reloj y establecer una magnífica coartada para su fiel ayudante Tredwell! Fueron tres personas: Waverly, Tredwell y algún amigo de Waverly. El tercer hombre recoge a un chiquillo en el pueblo, un niño de rizos rubios. Entra en Waverly en el momento preciso, gritando, y deja un rastro falso hasta Londres. Entretanto, Tredwell ha realizado su parte entregando la nota. Su amo puede presentar una buena coartada en el caso de que el hombre lo reconociera, a pesar del bigote postizo que utilizó. Y en cuanto al señor Waverly, tan pronto como oye el alboroto que se armaba en el exterior y el inspector sale corriendo, rápidamente esconde al niño en el agujero secreto y sigue al policía al jardín. Más tarde, le es fácil sacar al niño y llevarlo a un lugar seguro.

– Señor Poirot. – el señor Waverly penetró en la estancia -. ¿Ha descubierto algo? ¿Tiene alguna idea de dónde han llevado al niño?

– Lo sé todo, monsieur. Le doy veinticuatro horas para devolver al niño. De otro modo la señora Waverly será informada del exacto desarrollo de los acontecimientos.

 

2. Responder las siguientes preguntas:

a. ¿Quién investiga el caso? Presentar y describir a quien investiga el caso, y considerar quienes no lo hacen y por qué.

b. ¿Cómo resuelve el caso el investigador? ¿Qué métodos utiliza?

c. Explicar el caso y considerar cuál fue la motivación para realizar el crimen.

 

Esta entrada fue publicada en 2019, consignas de trabajo, Segundo año, SEGUNDO TRIMESTRE. Guarda el enlace permanente.

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