Los verboides en la oración: construcciones verboidales

Los verbos y los verboides

Todo verbo conjugado puede dividirse en dos partes: raíz y desinencia.
EJ: Juan corría rápidamente.
Verbo: corría Raíz: corr Desinencia: ía
La raíz de un verbo contiene su significado básico (ACCIÓN)
La desinencia del verbo presenta sus rasgos gramaticales: tiempo, aspecto, modo, número, persona.

ACLARACIÓN: gracias a los rasgos gramaticales, los verbos pueden concordar con el sujeto. Por eso unen sujeto y predicado, y funcionan como núcleos oracionales.

LOS VERBOIDES (o formas no conjugadas del verbo) son formas verbales que no presentan los rasgos gramaticales que caracterizan al verbo (tiempo, aspecto, modo…).
Como no están conjugados, no pueden funcionar NUNCA como núcleos verbales del predicado (NV).

 

Los verboides en la oración

Los verboides no funcionan como NV. Tienen, dentro de la oración, distintas funciones sintácticas:

  •  INFINITIVO: lo reconocemos por sus terminaciones en –AR – ER –IR (amar, temer, partir).
  • Funciona sintácticamente como un sustantivo (lo encontraremos habitualmente como sujeto, objeto, predicativo término de preposición).
  • PARTICIPIO: lo reconocemos por sus terminaciones en –ADO/A(S) –IDO/A(S) (amado/amada/amados/amadas, temido/temida/temidos/temidas, partido/partida/partidos/partidas).
    Si bien no presenta marcas de tiempo, aspecto y modo, hay que tener en cuenta que los participios varían en género y número.
  • Función sintáctica: como adjetivos (lo encontraremos generalmente como modificadores y predicativos).
  • GERUNDIO: lo reconocemos por su terminación en –NDO -ando/-iendo (amando, temiendo, partiendo).
  • Función sintáctica: como adverbio (lo encontraremos como circunstancial).

Los verboides son formas verbales y, por eso, aunque no funcionen sintácticamente “como verbos”, aceptan modificadores verbales tales como: CIRCUNSTANCIALES – OBJETOS – PREDICATIVOS.

 

EJEMPLOS:

Jugar es divertido.

Matías suspiró cansado.

Ellos van al colegio corriendo.

Jugar con mi hermano mayor es divertido.

Matías suspiró cansado extremadamente.

Ellos van al colegio corriendo rápidamente.

Mirar la tele me entretiene.

Necesito decir la verdad.

La mujer abrigada con pieles me miró feo.

Los hijos estaban acostados en sus camas.

Los niños juegan riendo alegremente.

La pequeña cantaba abriendo la boca.

Personajes mágicos: análisis de los personajes de Gabriel García Márquez

A partir de la lectura del libro Del amor y otros demonios, explicar por qué podemos afirmar que García Márquez presenta personajes que traspasan los límites de la realidad.

Tener en cuenta el siguiente fragmento, y proponer otras:

Cayetano Delaura fue al convento de Santa Clara al día siguiente. Llevaba el hábito de lana cruda a pesar del calor, el acetre del agua bendita y un estuche con los óleos sacramentales, armas primeras en la guerra contra el demonio. La abadesa no lo había visto nunca, pero el ruido de su inteligencia y su poder había roto el sigilo de la clausura. Cuando lo recibió en el locutorio a las seis de la mañana le impresionaron sus aires de juventud, su palidez de mártir, el metal de su voz, el enigma de su mechón blanco.
Pero ninguna virtud habría bastado para hacerle olvidar que era el hombre de guerra del obispo. A Delaura, en cambio, lo único que le llamó la atención fue el alboroto de los gallos.
«No son sino seis pero cantan como ciento», dijo la abadesa. «Además, un cerdo habló y una cabra parió trillizos». Y agregó con ahínco: «Todo anda así desde que su obispo nos hizo el favor de mandarnos este regalo
emponzoñado».
Igual alarma le causaba el jardín florecido con tanto ímpetu que parecía contra natura. A medida que lo atravesaban le hacía notar a Delaura que había flores de tamaños y colores irreales, y algunas de olores insoportables.
Todo lo cotidiano tenía para ella algo de sobrenatural. A cada palabra, Delaura sentía que era más fuerte que él, y se apresuró a afilar sus armas.

Actividad con verboides

“Estabas distraídp. Tu mirada trataba de descifrar el significado de
aquel cuadro antiguo reflejado en el espejo, por eso no te diste
cuenta de lo que sucedió en realidad. Yo fui corriendo hacia la
ventana. Mi pie rozó la base de hierro de la consola junto a la que
estabas, produciendo un ruido metálico que llegó hasta donde
estaba la enfermera. Ella estaba distraída: por eso no se dio cuenta
de que la aguja del tocadiscos se detenía en el mismo surco,
ocasionando la repetición tediosa de una frase sin sentido”.