Esteban Echeverría nos invita a pensar…

Hola chicos: como les comentaba en una entrada anterior, la idea es que podamos generar reflexiones sobre nosotros mismo y nuestra vida a partir de nuestras lecturas.

Por eso, a medida que vayamos leyendo La cautiva, anotaremos en esta entrada algunos puntos para analizar.

Sobre La cautiva en general y la primera parte: “El desierto”

Cuando comenzamos a trabajar con el libro, yo les comenté que La cautiva es una obra de carácter fundacional porque se trata de uno de los primeros libros de literatura argentina. En ese momento, el país se estaba formando y sus líderes intelectuales tenían que pensar cómo iba a ser La Argentina. En parte, eso significaba crear una cultura y una literatura.

Es en ese contexto que Echeverría escribió su libro, que comienza con una primera parte denominada “El desierto”. Ese desierto pampeano no se parecía en nada al desierto del Sahara, que nosotros tenemos en la cabeza. Únicamente lo podemos relacionar por su extensión y porque, a los ojos de los europeos, se trataba de una tierra exótica. Nuestros criollos tenían una mirada europeísta, y por eso la comparación les servía.

Pero existía otra razón para llamar “desierto” a la tierra de indios: algo desierto es algo que está vacío y que se puede tomar. Con esta denominación, se le quitaba al indio la entidad de persona. Los líderes intelectuales de la época, que estaban construyendo nuestro país, también estaban decidiendo quiénes iban a tener derecho a ser argentinos.

Luego de leer “El desierto”, y habiendo pensado todo esto, reflexionemos…

¿Qué es ser argentino para nosotros? ¿Nos sentimos argentinos? ¿Es, para nosotros, un grupo de pertenencia? ¿Nos da orgullo? ¿Somos conscientes de nuestra historia? Cuando leemos sobre el desierto, ¿podemos pensar en el país que conocemos? ¿Cómo es el país que conocemos?

Sobre la segunda parte: “El festín”

En esta parte del libro se nos presenta una escena de los indios festejando. Nuestro autor los muestra animalizados y bestializados: se presenta una imagen grotesca.

Para una mirada europeísta e imperialista, mostrar al indio como un ser inhumano era una manera de quitarle su calidad de persona. Así, se justificaba el trato que recibían los indígenas y se justificaba la obtención y retención de sus tierras.

¿Cómo se hubiese sentido el indígena al leer estas páginas?

La mirada subjetiva sobre el otro a veces nos impide ver su verdadera cara. Nos hace distantes y lejanos.

¿Quién es el otro para nosotros? ¿Quién nos ve como otros? ¿Cómo nos sentimos cuando menospreciamos al otro y no podemos ver su verdadero ser? ¿Podemos entender al otro si lo menospreciamos? ¿Tenemos una mirada subjetiva? ¿Alguien nos ha menospreciado alguna vez? ¿Hemos sentido la injusticia de que alguien nos juzgara a partir de una mirada subjetiva?

Sobre la tercera parte: “El puñal”

En la tercera parte de La cautiva aparece en escena nuestra heroína, María. Pero María no aparece sola, viene acompañada por su puñal. Con este elemento logra liberarse y logra liberar a su amado.

El puñal de María está dotado de un gran peso simbólico. Pero, por sobre todas las cosas, representa la libertad.

¿QUÉ ES LA LIBERTAD?

En este contexto, en el que vivimos encerrados y no podemos salir, más que nunca nos preguntamos sobre el significado de la libertad.

¿Cuándo somos libres? ¿somos libres cuando hacemos todo lo que queremos? ¿somos libres cuando tomamos una decisión por nosotros mismos, aunque esa decisión nos obligue a limitarnos de muchas otras maneras? ¿Cuándo empieza la libertad y dónde termina? ¿Dejamos de ser libres porque estamos encerrados?

Tenemos que pensar cómo podemos hacer para ejercer nuestra libertad desde el interior de nuestras casas. Porque estoy convencida de que la libertad, más allá de la posibilidad de movimiento, existe cuando tenemos libertad de pensamiento. Y para tener libertad de pensamiento, tenemos que preguntarnos sobre estos temas y tenemos que reflexionar.

Sobre la cuarta parte: “La alborada”:

En este punto del relato nos encontramos con los indios dormidos, y los cristianos que llegan a atacarlos. Los indios están desprotegidos sin sus caballos, y los cristianos lo aprovechan.

En la guerra, hay mucho permitido. Pero, incluso dentro de la guerra, hay códigos de conducta que deben respetarse. Existen modos de actuar que se considera que aportan “honra”, y otros la quitan.

Vivimos tiempos difíciles. Escuchamos en los medios cómo se compara la situación que atravesamos con una guerra; se habla de una guerra viral. Por supuesto que en esta guerra, nuestro enemigo no es humano. Por eso no existen dilemas morales sobre qué hacer con el enemigo, o cómo tratarlo. Pero por supuesto que, en esta situación que vivimos todos podemos actuar de maneras más o menos “honradas”. Por eso la pregunta de hoy es:

¿Quiénes vamos a ser durante la pandemia de Covid-19?

Les sugiero que tomen un rato para escribir en su diario cómo están pasando esta pandemia, qué sentimientos les genera, cómo están llevando la cuarentena, qué podrían hacer para ayudar.

¿Pueden ayudar de alguna manera con la lucha contra el virus? ¿Pueden ayudar en su casa para que la cuarentena sea más llevadera? ¿Van a ser de las personas que suman, que construyen, que aportan?

Sobre la quinta parte: «El pajonal»:

En esta parte de La cautiva nos encontramos con Brian y María en un inmenso pajonal. Si bien se trata de un buen lugar para esconderse, la naturaleza es inhóspita y Brian se encuentra demasiado débil como para enfrentarla. Pronto desfallece, y María intenta encontrar una solución. Dice el yo poético:

Pero a cada golpe injusto
retoñece más robusto
de su noble alma el valor

En lugar de dejarse vencer, crece su valor porque se trata de salvar la vida de Brian. Así, siguiendo un rumor de agua, María encuentra un arroyo al que debe llevar a Brian:

Pronto llega al alto nido
Donde yace su querido,
Sobre sus hombros le carga,
Y con vigor desmedido
Lleva, lleva, a paso lento,
Al puerto de salvamento
Aquella preciosa carga.

María, una mujer angelical y frágil, de pronto tiene fuerzas para levantar a Brian. María muestra un “vigor desmedido”, más allá de sus posibilidades físicas, y lo hace porque tiene un objetivo que es más fuerte que su propia vida: su amor.
Cuando encontramos un objetivo superior, y nos olvidamos de nosotros mismos, muchas veces podemos más de lo esperable. Nuestros sacrificios son mayores, nuestras capacidades son inimaginables. Para María es su
amor por Brian… ¿Y para nosotros?

¿Qué nos mueve a actuar y nos da fuerzas?

Los invito a que piensen ahora cuáles son sus motivos para ser mejores, para superarse.
Puede ser una persona y, como para María, será el amor lo que los mueva. Quizás no sea un amor de pareja. Quizás sea un hermano, los padres, los amigos: alguien por quien estén dispuestos a sacrificarse, alguien que los haga ser mejores.
Pero también puede ser otra cosa, y no una persona. Alguna causa, su espiritualidad, alguna pasión.
Todos tenemos algún motivo, algo que nos impulsa a crecer, a mejorar.

Sobre la sexta parte: «La espera»: 

En este caso, el título nos lo dice todo. Brian y María esperan, ocultos. Esperan que Brian recupere fuerzas, esperan que pase lo peor.

Sin duda que, en nuestro contexto actual, si hay algo con lo que nos podemos identificar es con la sensación de la espera.

Encerrados en casa, esperamos que pase este momento que nos toca vivir. Esperamos que todo se resuelva de la mejor manera posible.

Y esta espera tiene dos implicancias fundamentales: esperamos como única acción, porque no nos movemos, porque no estamos haciendo nada más. Pero también la espera involucra un sentimiento de deseo y una esperanza que lo que viene será mejor. La espera involucra un deseo: “espero que estés bien”, así lo quiero. La espera de Brian y María también involucraba un deseo y una esperanza en el porvenir.

¿Y nosotros? Hoy los invito a reflexionar sobre este tiempo de espera que estamos atravesando.

¿Cómo llevan ustedes esta espera? ¿Sienten esperanza? ¿Se sienten seguros? ¿Les cuesta esperar y dejar que otro resuelva la situación? ¿Les gustaría pasar a la acción, ser más útiles? ¿Qué sentimientos les provoca esta quietud?  

Sobre la séptima parte: «La quemazón»:

En esta parte de La cautiva encontramos a nuestros protagonistas en un
momento crítico. El fuego se extiende hacia ellos, y se encuentran atrapados.

El fuego lo devora todo: es una catástrofe. La gente, asustada, comienza a
buscar explicaciones para esta situación desesperante. ¿Llega el fin del
mundo? ¿Se trata de un castigo divino? ¿Nos pone a prueba Dios?

Frente a las grandes plagas y pestes, frente a los desastres naturales y
catástrofes, la gente tiende a generar este tipo de reflexiones. Eso mismo
pudimos ver durante estos días: las redes están plagadas de este tipo de
ideas, ya sea profesadas en broma o en serio.

¿Cómo interpretan ustedes esta situación que nos toca vivir? ¿Y
qué piensan, en general, de este tipo de situaciones?

Muchos lo interpretan desde la religiosidad, ya sea para bien o para mal.
Mientras que algunos ven en las situaciones críticas un castigo divino, otros
las entienden como una invitación al cambio. Para muchos, se trata de
momentos que nos invitan a crecer.

Algunas personas no pueden dejar de analizar el aspecto social de la
crisis: entienden estas situaciones como momentos en que la
solidaridad tiene que prevalecer. Mientras muchos discriminan,
otros entienden que en los peores momentos, la unión hace la
fuerza.

Sobre la octava parte: «Brian»:

En la octava parte de La cautiva encontramos a Brian muy débil y, como es de imaginar, María está muy preocupada por su amado. La preocupación toma la posesión de su mente; tristes pensamientos y funestos presagios la invaden.

Triste a su lado María
revuelve en la fantasía
mil contrarios pensamientos,
y horribles presentimientos
la vienen allí a asaltar;
espectros que engendra el alma,
cuando el ciego desvarío
de las pasiones se calma,
y perdida en el vacío
se recoge a meditar.

Muchas veces, ante situaciones críticas, uno comienza a manifestar pensamientos tristes. Y cuando estos toman lugar en nuestra mente, nos resulta difícil apartarlos. Pero generalmente logramos construir estrategias para alejar esa tristeza… podemos distraernos mirando una película graciosa, o quizás nos ayuda charlar con algún amigo. Algunos prefieren consolarse en compañía, acercarse a la familia. Otros logran calmarse en soledad, meditando, trabajando sobre su propia mente.

Hoy les pido que busquen en su interior y piensen…
¿Qué los pone tristes? ¿Qué pensamientos evoca esa tristeza?

Y, para no quedarnos en este lugar negativo, también les pregunto…
¿Cómo logran escapar de esos pensamientos nocivos?

¿Tienen alguna estrategia? ¿Se les ocurre alguna idea? ¿Cuál puede ser un escudo en contra de la tristeza?

Sobre la novena parte: «María»:

El final de La cautiva nos presenta la muerte de los amantes. Primero fallece Brian y entonces pocas razones le quedan a María para vivir. Sigue su camino en busca de su otro amor: su hijo. Más cuando se entera de que también él fue asesinado por los indios, ella muere.
La partida de estos amantes nos lleva a realizar una pregunta que siempre está presente en las relfexiones de la humanidad, y que hoy les planteo como reflexión:

¿Qué creen que existe después de la vida?

La pregunta por la trascendencia nos convoca como seres humanos. Las religiones nos presentan respuestas y, como católicos, tenemos herramientas para contestar. Pero nuestra fe (en caso de que la tengan) tampoco nos salva de las dudas, tampoco nos regala certezas inquebrantables.

Por eso, hoy los invito a reflexionar sobre este gran interrogante.

Identity Journal – Diario personal

Identity Journal

Diario personal

Cuando empezó el año, nosotros abrimos el trabajo con un tema que pretendía organizar el programa de todo el año: LITERATURA E IDENTIDAD. Nuestro programa del año se ordenaba en torno a esta temática, y la idea era estudiar cómo los autores utilizaron la literatura para plasmar rasgos de su identidad y para luchar por objetivos comunes de sus grupos de pertenencia.

Con esto en mente, comenzamos a trabajar sobre nuestra propia identidad. Buscamos nuestros grupos de pertenencia o “colectivos”, pensamos qué nos identificaba y tratamos de sentirnos parte de algo superior a nosotros mismos. Identificamos luchas colectivas a las que nos gustaría adherirnos, y tratamos de buscar alternativas lógicas o creativas para superar los problemas.

Estábamos recorriendo un camino de autoconocimiento que ustedes seguirían transitando, también, en otras materias: Art y Tutoría.

De esta manera surgía nuestro proyecto interdisciplinario, que tendría como base común la creación y producción de un pequeño cuaderno. Ustedes crearían un diario personal, anotando todas sus reflexiones, sus pensamientos, sus ideas. También les ayudaría para dibujar y hacer borradores de sus propios retratos: bocetos de ustedes mismos.

Estábamos comenzando a presentarles esta idea, cuando la realidad dio un giro a nuestros planes. La pandemia del coronavirus nos obligó a separarnos y a ponernos en cuarentena. Y nuestras clases se modificaron de manera abrupta.

Sin embargo, no queremos “poner en cuarentena” a nuestro pequeño cuaderno personal.

Los tiempos que vivimos nos obligan a la reflexión. Encerrados en nuestras casas, retirados de nuestra vida cotidiana, estamos mucho más predispuestos a la introspección y al encuentro con nosotros mismos. La realidad única que atravesamos, y no podemos ignorar, nos invita a repensar nuestra vida, nuestra forma de ser, nuestra manera de actuar: cuando nos quitan nuestra cotidianidad ¿Qué nos queda sino extrañarla? ¿Qué podemos hacer sino un balance sobre ella?

Con esta idea en mente, Toia les hizo una propuesta interesante: http://vgrehan.cumbresblogs.com/2020/03/26/identity-journal/. Nosotros charlamos al respecto, y comenzamos a trabajar sobre nuestros diarios personales.

La idea es que ustedes puedan aprovechar este espacio del diario para anotar todo lo que se les ocurra y que pueda ayudarlos en este camino de pensarse a ustedes mismos, de reflexionar sobre su identidad y de conocerse. Muchas de sus anotaciones las harán por su cuenta, y tendrán que ver con un proceso personal y con un recorrido único.

Pero, desde nuestra materia, también vamos a trabajar en ideas que puedan ayudarlos a engordar el cuaderno, llenándolo de reflexiones. Lo que leamos durante las clases, nos va a llevar a pensar sobre nuestra propia vida.

A partir de cada lectura, yo iré dejándoles propuestas y preguntas para trabajar en el diario. La idea es que ustedes puedan resolverlo de manera personal y privada, anotando lo que piensan y lo que les surge. Pero no pueden dejar de hacerlo, ya que todo esto es material que tomaremos más adelante para nuevos trabajos de Literatura, y también para trabajos interdisciplinarios.

ACTIVIDADES PARA TRABAJAR CON LA CAUTIVA

En esta entrada voy a compartir las actividades con las que vamos a ir acompañando la lectura de La cautiva. Presentaré consignas breves, que nos van a servir para corroborar que están siguiendo la lectura y que, además, están comprendiendo lo que leen.
Pero, además, la idea es que estas consignas los inviten a trabajar con modalidades diferentes, para que ustedes puedan desarrollar diversas habilidades y puedan descubrir sus fortalezas y debilidades.

ANTES DE EMPEZAR CON LA CAUTIVA

Hola chicos, hoy vamos a trabajar con La Cautiva. Pero, antes de comenzar, tenemos que entender el contexto histórico-social, sin el cual no podremos analizar la obra de Echeverría.

La Cautiva es un texto fundacional de la literatura argentina. Es decir que se trata de uno de los primeros textos de nuestra literatura, y por eso es una de las obras que la fundó.

Nuestro joven país estaba en formación, y así como se estaba estableciendo su organización política, también debía crearse su cultura. Las primeras obras de nuestra literatura sentaron las bases de nuestra tradición literaria, y mostraron la ideología de la época.

La publicación del extenso poema épico de Echeverría puede datarse en 1837. Desde su título, podemos adelantar que el texto trata sobre los malones de indígenas que, en sus batallas contra los criollos, tomaban a sus mujeres cautivas. Así, Echeverría nos sitúa en la frontera entre las tierras ocupadas por criollos y españoles, y el desierto a conquistar.

Recordemos lo que estaba pasando en ese momento en nuestro país. Como ustedes lo están estudiando en historia, vamos a recordar lo que están viendo con Belén:

Con la revolución de mayo, comienza a formarse de a poco el estado argentino y con ello, nuestra identidad: ni más, ni menos. Surgen preguntas en relación a la organización de nuestro país: ¿Homogeneizar o mantener autonomías provinciales? ¿Europeizar? ¿Integrar al marginal? (en ese momento: negros, indios y gauchos).

A medida que avanza el siglo XIX, se definen las fronteras culturales de la “civilización y barbarie”, y de la tierra española y el desierto. El país se dividía entre la tierra ocupada por los españoles y criollos, y la extensión de tierra que todavía ocupaban los indios. Este espacio fue mal llamado desierto. A medida que avanza la definición de fronteras, el originario pasa a ser un problema erradicar. Así ira avanzando la frontera hasta 1879, con la final expansión de Roca y “conquista del desierto”.

Para entender lo que sucedía, es importante tener en cuenta que la frontera no era una línea, sino un lugar de encuentro e intercambio cultural.

La segunda mitad del siglo XIX suma un nuevo elemento a la población: inmigrantes europeos que llegan a nuestra tierra  que dan testimonio de la revolución industrial que vivía Europa. Como existía un déficit poblacional, comienza la inmigración, fomentada por los gobiernos argentinos. A los hombres de la época les preocupaba poblar el mal llamado “desierto”, que en rigor era tierra de indio. Para el hombre del siglo XIX, las civilizaciones eran las que venían de Europa, que traía el progreso, las maquinarias, los ferrocarriles y telégrafos, los blancos, los superiores, los educados. Los otros eran los negros, los indios, el gaucho, los vagos, los que no quieren trabajar. Esta descripción del blanco hacia otro de otro color es una actitud que supone todo un modelo social, cultural y económico. Esa es la visión europeísta exacerbada en el siglo XIX que justificó la conquista.

CONSIGNAS PARA LA CLASE DE HOY:

LA SUBJETIVIDAD Y LAS DISTINTAS MIRADAS

  1. Explicar en un audio o video cuál es la imagen del indio que esperan encontrar en el texto de Echeverría. Tengan en cuenta el contexto y todo lo que estudiaron y vieron en historia hasta ahora.
  2. Los indios no sabían leer ni escribir. Pero… ¿qué tipo de producción literaria podrían haber realizado si hubiesen podido hacerlo? La idea es que, desde la voz del indio, creen algún texto literario. Puede ser: un monólogo interior, un poema, una canción. Pueden pensar ustedes alguna otra alternativa. La idea es que expresen, a través de la literatura, la otra mirada. Que puedan dar cuenta de las emociones que podrían enfrentar los indios ante la mirada del blanco, ante esa visión europeísta, ante su imperialismo y colonialismo.

PARA TENER EN CUENTA: realizamos la actividad dos dentro del contexto de nuestra clase. Pero también será una actividad que participará de la paleta de inteligencias múltiples que están realizando en historia. En este caso, están trabajando la inteligencia verbal-lingüística.

AL TERMINAR, DEBEN SUBIRLO A SUS BLOGS CON EL TÍTULO: ACTIVIDAD DE ANTICIPACIÓN PARA TRABAJAR CON LA CAUTIVA. DEBEN INCLUIRLO EN LAS CATEGORÍAS “HISTORIA” Y “LITERATURA” (O LENGUA).

LITERATURA Y MI IDENTIDAD

Nuestro programa del año es LITERATURA E IDENTIDAD.

Pero, antes de empezar a trabajar con los textos de otros autores, la idea es que podamos tomarnos un momento para reflexionar sobre nosotros mismos y que podamos establecer una relación entre nuestra identidad y el arte (y la literatura). Para eso, vamos a realizar una PALETA DE INTELIGENCIAS MÚLTIPLES.

Paleta Inteligencias Múltiples 

RUBRICA PARA LA CORRECCIÓN – LITERATURA Y MI IDENTIDAD

 

LITERATURA E IDENTIDAD: una explicación a nuestro programa.

¿Qué es la identidad?

Según la RAE:

Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás.

Conciencia que una persona o colectividad tiene de ser ella misma y distinta a las demás.

 

A partir del programa LITERATURA E IDENTIDAD trabajaremos y estudiaremos cómo se escribe esa identidad.

Como la definición de la RAE parece sugerir, muchas veces entendemos nuestra identidad a partir de nuestra participación en colectividades. Estas colectividades encuentran en la literatura el espacio propicio para darse a conocer, para tomar conciencia de sí mismas, para concretar sus fines.

A lo largo de nuestro programa, trabajaremos con tres aspectos diferentes del problema de la identidad en la literatura: la identidad femenina, la identidad política y la identidad latinoamericana.

 

La lectura que abrirá nuestro programa es significativa porque nos permite un primer acercamiento a la manifestación de los 3 colectivos.

  • Lectura del poema épico La Cautiva, de Esteban Echeverría.

La siguiente lectura nos servirá para completar el análisis de la primera y, a su vez, para comenzar el trabajo con el tema principal del primer trimestre: la mujer en la literatura.

  • Lectura del cuento “La intrusa”, de Jorge Luis Borges.

 

Luego, nos centraremos en los tres temas específicos del año:

LA MUJER EN LA LITERATURA

Por supuesto, se trata de un tema tan extenso y complejo que resulta difícil de delimitar y explorar como parte de un pequeño programa. Por eso, acotar la selección de textos a partir de algún criterio específico resulta fundamental.

En este caso, nos centraremos en algunas mujeres poetas cuyos textos marcaron el camino de a seguir en busca de la igualdad de género. Mujeres que escribieron su feminidad y la dificultad de ser, a una vez, mujeres y escritoras.

NARRAR (Y CALLAR) LA GUERRA

Narrar una guerra, y sus consecuencias, siempre resulta complejo por la imposibilidad de poner en palabras el dolor. Por eso, los relatos que hablan de guerras suelen estar plagados de silencios.

Más difícil aún resulta narrar causas, desarrollo o consecuencias de una guerra civil. Donde los unos y los otros no dejan de ser los nuestros.

La identidad política y la lucha por alguna forma de poder, más de una vez ha terminado en la peor de las consecuencias: una guerra civil, un gobierno autoritario, la toma de poder por medios antidemocráticos. Un claro ejemplo es la guerra civil española, y la consecuente toma de poder por parte del General Francisco Franco.

Para abordar esta problemática, leeremos la novela El lector de Julio Verne, de Almudena Grandes.

EL BOOM LATINOAMERICANO

La década del 60 marcó un hito en la historia de la narrativa latinoamericana. Durante ese período se escribieron algunas de las novelas más importantes de la lengua española. Este notable fenómeno fue denominado el boom latinoamericano. Un grupo de escritores consiguió darle a la literatura de nuestro continente una visibilidad y un lugar que nunca antes había tenido.

Así, estos escritores lograron poner a América Latina en el mapa y, en una búsqueda por narrar aquello que la convertía en un territorio único, los escritores lograron forjar y expresar una identidad latinoamericana.

Para estudiar el fenómeno del boom latinoamericano, leeremos una selección de cuentos.

 

 

Colectividad:

Conjunto de personas reunidas o concertadas para un fin.

Colectivo:

Perteneciente o relativo a una agrupación de individuos.

Grupo unido por lazos profesionales, laborales, etc.

 

¡Bienvenido 2020!

Bienvenido 4to año de 2020 a un nuevo curso de Literatura.

En esta entrada voy a compartir la actividad con la que vamos a dar comienzo al trabajo del año. Trabajaremos a partir de un poema de Alejranda Pizarnik:

Primera Parte: entre todos

¿Cuál es la imagen que el texto nos presenta respecto del lenguaje?

Segunda Parte: trabajo cooperativo

La idea es que podamos jugar con el poema, que tratemos de abrir distintos análisis sin cerrar ninguno. Por eso, vamos a realizar dos actividades de trabajo cooperativo, con el objetivo de que las diferentes lecturas de cada alumnos nos ayuden a tejer múltiples significados.

El juego de las palabras. Leer las siguientes palabras clave: poder, arma, lenguaje, muerte, silencio, metáfora, lucha, miedo, objetivo. Luego, con estas palabras, construir frases relacionadas con las ideas del poema. Todos tienen que prestar atención, todos tendrán que anotarlas, porque solo a un alumno se le asignará el rol de explicar las frases cuando realicemos la puesta en común.

Brindar preguntas y recibir respuestas. La primera parte es individual y consiste en escribir dos preguntas: una duda sobre el poema, algo que no tengan claro o no terminen de entender, y una pregunta que ustedes puedan explicar a partir de su propio análisis del poema. La segunda parte es grupal y consiste en leer todas las preguntas, escuchar las razones de cada compañero y, entre todos, elegir “la pregunta que se va a formular” más más pertinente y “la pregunta que se va a responder” más interesante. Atención: todos tienen que tener sus preguntas individuales y tienen que saber y poder explicar las elegidas por el grupo, ya que sólo uno será el encargado de realizar la puesta en común.

Tercera parte: individual

Rutina de pensamiento. Palabra, idea, frase.

 

RESULTADO DE LA CLASE

El juego de las palabras:

  • El objetivo de la autora es expresar el poder que tienen las palabras.
  • La autora usa la metáfora de la muerte de los cuervos mostrando así las consecuencias del silencio, y el miedo y efecto oscuro que provocan.
  • Se muestra una cierta lucha entre los contrastes que se representan en el poema, hablar o quedarse callado.
  • La autora usa un cierto lenguaje para crear un tono de advertencia y crear la imagen de las palabras como armas que se pueden usar para bien como para mal.
  • El silencio, guardarse lo que uno siente, es la muerte de todo y genera consecuencias indeseadas.
  • Las palabras son las mejores armas contra el silencio.
  • El poder de las palabras puede causar miedo.
  • Las palabras son como un arma, ya que pueden generar miedo en una persona, dejándola sin nada para decir, llamándola al silencio.
  • La frase “tienen filo, te cortarán la lengua”, en relación a las palabras, es una metáfora que hace referencia a cómo el lenguaje puede ser usado como un arma; o sea, las palabras pueden tener graves consecuencias, ya sea lastimar a otro, o a uno mismo. Esto sucede porque lo que decimos puede tener un gran peso y poder sobre nosotros y los demás.
  • El miedo a generar conflicto a través del lenguaje.
  • Se sugiere evitar las metáforas ya que su objetivo es el de mezclar los pensamientos. Aunque incapaces de terminar con la vida de quien los interprete, sí destacan por la habilidad de causar la muerte a las ideas abstractas que quedan escondidas entre líneas.

Brindar preguntas y recibir respuestas:

  • “La pregunta que se va a formular”: ¿El poema se enfoca sola y explícitamente en lo negativo de las palabras? ¿Acostarse en las arenas negras se refiere a morir por el hecho de tener muchas ganas de hablar pero no poder decir nada?
  • “La pregunta que se va a responder”: ¿Por qué dice que las palabras tienen filo y pueden terminar cortándote la lengua? Es una metáfora sobre las consecuencias que pueden tener las propias palabras. ¿Qué representan las arenas? La arena suele representar al tiempo. En este caso, al acostarse en la arena se deja pasar el tiempo sin la posibilidad de expresarse.

EJEMPLOS DE RUTINAS

 

Pensar la literatura argentina: primer trabajo escrito del año

Consigna de trabajo: 

A partir de la lectura del cuento “Casa tomada” de Julio Cortázar y de una de sus clases impartidas en la universidad de Berkeley, y tomando en consideración su biografía, escribir un ensayo argumentativo que permita sostener alguna de las siguientes hipótesis:

  • “Casa tomada”, cuento escrito por Julio Cortázar, es un texto que participa de la literatura argentina.
  • Julio Cortázar puede ser considerado como un modelo del escritor argentino e incluso del escritor latinoamericano.

Para resolver las consignas, deben tener en cuenta:

Las actividades realizadas sobre el cuento “Casa tomada”, y el cuadro sobre la literatura argentina que elaboramos entre todos.

PRIMER TRIMESTRE: PENSAR LA LITERATURA ARGENTINA

UN TEXTO DE LITERATURA ARGENTINA

 

UN TEXTO DE LITERATURA ARGENTINA

CASA TOMADA, JULIO CORTÁZAR

Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.

Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las últimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.

Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sé por qué tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.

Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene qué pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.

Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte más retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble cómo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.

Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.

Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:

-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo.

Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.

-¿Estás seguro?

Asentí.

-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.

Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco.

Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.

-No está aquí.

Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.

Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.

Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:

-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?

Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.

(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.

Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en voz más alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)

Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.

No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.

-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.

-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.

-No, nada.

Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.

Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.

CONSIGNA DE TRABAJO: a partir de las ideas elaboradas durante la última clase y sintetizadas en un cuadro publicado en la entrada anterior, considerar por qué este texto participa de la literatura argentina.